El texto “Paris, capital del siglo XIX” es un ensayo muy particular de Walter Benjamin. Es un texto completamente fragmentario que ha quedado inacabado tras la dramática muerte de su autor. Sin embargo, encontramso en él observaciones muy lúcidas. Haciendo alusión a los movimientos artísticos de finales del siglo XIX, Benjamin dice del Jugendstil:
“el Jugendstil parece que implica, a juzgar por su ideología, la culminación del interior. El ensalzamiento del alma solitaria aparece como meta”1
Esta pequeña cita despertó en mi cierta curiosidad, pensé ¿de qué modo aparece el interior ornamentado del que habla Benjamin en los cuadros? Klimt me dio una pista. Su vida se desarrolla entre 1862 y 1918, como artista forma parte de estos movimientos de finales del siglo XIX. En sus obras resplandece más que el interior, la intimidad más próxima entre un hombre y una mujer. El abrazo es quizá una de las más conocidas:
La gran ornamentación que aparece en sus cuadros en las telas, los pliegues y los fondos remite a esa escena de interior de la que hablaba Benjamin. Sin embargo, a diferencia de varios de sus contemporáneos Klimt es capaz de despertar el deseo en el espectador. Aquella intimidad está completamente teñida de una gran sensualidad, sobre todo, en relación al cuerpo femenino.
Más que exhibir, Klimt es capaz de insinuar en el cuerpo esa fragilidad femenina de la que los románticos tanto habían hablado. Es uno de los pocos pintores que aun cuando se refugie en las escenas del interior es capaz de fundar un lenguaje muy distinto al que desarrollaba la pintura académica de aquella época. Quizá allí resida su gran fuerza expresiva.
Mercedes Coll
1 Benjamin, Walter; “Paris, capital del siglo XIX” en Libro de los pasajes
Klimt
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